Ser entrenador del Real Madrid tiene el misterio que cada uno quiera darle. Lo sofisticado que cada uno quiera ponerse. La mano dura que cada uno pretenda ejercer, en algunos casos, con los jugadores equivocados. Ser entrenador del Real Madrid es muchas cosas, pero triunfar como entrenador del equipo blanco es mucho más simple de lo que parece. De lo que uno puede pensar. Se ha visto a lo largo de la historia y está volviendo a vivirse este curso. La entidad madridista fichó para esta temporada a Xabi Alonso, el entrenador más cotizado del continente. Todos le querían. Dijo no a Bayern y Liverpool para sentarse en el banquillo del Santiago Bernabéu. Pero no funcionó. Y a nadie debería sorprenderle esto, puesto que los métodos empleados por el vasco, aunque posiblemente adecuados, no suelen surtir el efecto esperado en el vestuario madridista.
Xabi Alonso quiso desde el primer momento hacer un Real Madrid de autor. Cuando decía eso de que esperaba que los aficionados dijesen con orgullo eso de «este es mi Real Madrid», realmente quería decir «este es el Real Madrid de Xabi Alonso». ¿El resultado? Una intervención superlativa, jugadores que se enfadaron con él casi antes de empezar y que le terminaron costando el puesto. Sí, fueron estos mismos futbolistas que se han desgastado y han dado una lección de compromiso y fútbol ante el Manchester City los que acabaron con la historia del vasco como técnico madridista.
Tras esta situación, delicada y casi límite, llegó Arbeloa. El gran amigo de Xabi, pero que ha tardado poco en desmarcarse de los métodos de su colega. El salmantino ha apostado por lo que siempre ha funcionado en el vestuario más exigente del fútbol mundial: tener contentos a los protagonistas, que son los jugadores. Y es que, logrando eso, el resto suele venir solo, ya que son muy buenos.
No fueron sencillos los inicios de Arbeloa como entrenador. Una derrota contra el Albacete en Copa del Rey le hacía tambalearse antes, casi, de empezar. Ha sufrido algún traspié más, pero contra el Manchester City ha conseguido ser el gran vencedor de la eliminatoria, pasando por encima de Pep Guardiola y resucitando a aquellos jugadores que estaban desencantados con Xabi como entrenador.
El protagonismo de Vinicius y Valverde
Vinicius y Valverde eran dos jugadores tristes. Cada uno llevó a su manera su pesar, pero los dos estaban muy incómodos con Xabi como entrenador. El brasileño sintió demasiado pronto que para el vasco no era ese jugador intocable que sí fue para Ancelotti. Desde el Mundial de Clubes comprendió que su día a día con el donostiarra iba a ser muy diferente. Dejaba de ser la estrella para ser el escudero de Mbappé. Para ser uno más. Y esto borró su sonrisa, su alegría.
Valverde se sintió perdido desde el minuto 1. No encontraba su juego, su fútbol, su sitio y nadie era capaz de ayudarle desde el banquillo. Luego vio cómo era relegado al lateral derecho por exigencias del guion, algo que nunca terminó de convencerle. Ya no era ese jugador diferencial y pasó a ser un futbolista perdido, sin rumbo.
En la eliminatoria contra el Manchester City ambos han salido tremendamente reforzados. Los dos han demostrado que su vida desde la llegada de Arbeloa es otra. Vinicius siente confianza y es feliz, mientras que Valverde es uno de los líderes absolutos. Entre los dos han hecho los cinco goles que los blancos han endosado a los de Guardiola y juntos han liderado a un equipo que, por qué no, sueña con todo en Europa.
Ahora le toca a Bellingham
El tercer jugador que estaba tremendamente a disgusto con Xabi Alonso era Jude Bellingham. El inglés regresa de lesión y Arbeloa ahora tiene el reto de hacerle sentir importante, de recuperar su mejor versión. Tras el parón de selecciones volverá a coger poco a poco ritmo y que nadie dude de que será importante en el once titular desde muy pronto.